Nocturnos (II) – Hank Escribe

Nocturnos (II)

noviembre 12, 2020
Nocturnos (II)

Sentado en el banco del parque ve a una pareja pasear. El hombre pasea un fox terrier blanco y canela que se hace el remolón en cada esquina, ella un terrier que se mueve nervioso, aunque imagina que debe tener ya una edad.

Hablan mientras tiran de los perros, con cara de tristeza.
Intenta recrear sus vidas mirando sus caras, sus gestos. Hablan en voz baja, como si quisieran apartar sus sentimientos de los demás. No cree que les vaya demasiado bien; imagina que hacen uso de sentimientos caducos, vacíos.

—¡Eh Javi! ¡Qué pasa! —escucha mientras se gira. Ismael se acerca caminando mientras se baja la capucha de la sudadera. Casi no le ve la cara, la luz de la farola justo delante se lo impide.
—¿Qué tal, Is? —pregunta Javi mientras saca un cigarrillo de su bolsillo.
—¡Pffffffff! Jodido, a mi padre le ha dado por registrarme de nuevo los pantalones —dice mientras se enciende un cigarro.
—¿… Y? —pregunta levantando la cara y haciendo el gesto de pedirle el mechero.
—Nada, desde que pasó lo de la otra vez guardo todo en el hueco de la luz del ascensor. Es como tener un puto policía en casa, y paso de buscarme más movidas.
—¿Y tu madre?
—Pues mal.  Desde la otra vez está muy rara conmigo, me habla como si fuera subnormal, como si tuviera falta de riego o algo, no sé. Llora todo el día y no deja de repetir que acabaré como Esteban. ¡Joder! ¡Solo me encontraron tres o cuatro porros! pero es como si hubieran encontrado un alijo de coca. Mi padre me trata como si fuera un delincuente.
—Bueno, imagino que es por lo de tu hermano —dijo mientras le daba caladas a su cigarro.
—Ya, joder, pero yo no tengo la culpa de ser su hermano ni se me va a ir tanto la olla. Mi viejo no deja de repetirme que así empezó mi hermano. Una cosa es fumarte un porro de vez en cuando y otra lo de Esteban.
—¿Cómo está? —pregunta mientras se cierra el cuello del abrigo.
—Por lo que sé, bien. De vez en cuando me escribe dándome la brasa
sobre los porros y las drogas. Creo que mis padres fueron a verlo hará un par de semanas y se lo comentaron. Se nota que me ha escrito aleccionado por ellos. ¡Pero si me fumé más de un porro y más de dos con él! Y ahora reniega hasta de los cigarros…
—Imagino que es normal, ¿no? ¿Cuánto le queda?
—Dos años aún. Está jodido, aunque no sé si lo suficiente para darse cuenta de lo que hizo. ¿Sabes?, no sé si en el momento en el que estaba en la cárcel era lo mejor solo era un multiplicador del efecto de las drogas, la verdad. La última vez que fui a verlo, hará ¿cuánto? ¿tres meses? me dio la sensación de que estaba más puesto que muchas veces que lo vi por el barrio. Me dio pena, tío. Mucha pena porque al final, aunque no hayamos tenido mucho en común, es mi hermano —dijo mientras se giraba hacia la farola. Parecía querer calentarse, y con él su alma.
—Seguro que saldrá mejor de alli, Is —dije sin creerlo.
—No estoy nada seguro. De hecho, me da miedo que pasen estos dos
años, Javi. Me da miedo que vuelva y que esté peor o que todo vuelva a ser lo que era cuando estaba aquí.

Se hizo un silencio mientras permanecían uno al lado del otro.

—¿Un porro? —preguntó Ismael.

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